Retratos de niños

Mi sobrino Daniel tiene un año y medio de edad. Antes de nacer, la sola noticia de que estaba en camino me llenaba de ansiedad de poder conocerlo, ver como se movía en el vientre de mi hermana e imaginarme como sería su carita me dio un motivo más de vida. Ya venía el nuevo integrante de la pandilla.

Cuando nació yo estaba en otro país, muy pendiente eso sí del celular, esperando el momento de recibir la primera fotografía de él y cuando por fin sucedió me aparté del grupo de amigos con el que estaba y me quedé a contemplar unos segundos su primer retrato.

El tiempo pasa volando y él crece el doble de rápido. Lo conocí una semana después de nacido y desde entonces se convirtió en mi modelito de cabecera, cada mes le saco una sesión de fotos. El día que cumplió un añito mi familia y yo comenzamos a repasar una selección de esas fotos y surgieron frases como: “¡Mira! ahi aun no se sentaba solito”, “Ahí ya se le notaban los rizos”, “¡Fue en ese mes que se le rizaron tanto las pestañas!”…

Siempre he pensado que la fotografía son recuerdos que viven en una imagen y gracias a ella he documentado el crecimiento de Daniel y se que eso es motivo de felicidad para sus papás, sus tías, sus abuelos.

Eso mismo deseo para los padres de los pequeñitos que he podido retratar en este camino que llevo recorrido en la fotografía, una sonrisa y un sentimiento de ternura cuando vean lo mucho que ha crecido su pequeño o pequeña y si logra dibujarte una sonrisa esa imagen, entonces el objetivo se cumplió.