Mientras espero a que finalice la exportación de archivos de un evento que cubrí, me dispongo a escribir en los próximos 40 minutos que calculo durará el proceso. Esta vez, escribiré una entrada relacionada al estilo de vida que descubrí cuando la fotografía llegó a mi vida. ¿Suena muy exagerado/dramático?, quizá… pero así es.

Pasé muchos años de mi vida sin conocer bien el rumbo que quería tomar, solo sabía que debía tomar uno porque eso hacía todo el mundo, estudiar, trabajar, tener una familia, vivir, morir. Y esa era el guión que estuve siguiendo mucho tiempo sin saber bien a bien que haría de mi vida. Estudié en una gran universidad, época que consideraba hasta ahora la mejor de mi vida, ya sabes, sin grandes preocupaciones, estudiando, conociendo amigos, te enamoras, te desenamoras, te vuelves a enamorar, sigues estudiando, vas a fiestas los viernes, etc, etc. Salí de la universidad y un mes antes de salir ya había firmado un contrato con una multinacional en telecomunicaciones, un trabajo que comparado con otras profesiones, digamos que pagaba lo suficiente desde el inicio.

Trabajé en esa empresa por 2 años y 7 meses, con jornadas exhaustivas, dos aumentos durante ese tiempo, prestaciones, seguro de vida, etc. Al inicio la idea de trabajar horas extras sonaba no tan mal, pues las pagaban y después de cierto número te pagaban aún más por hora, total que mi salario quincenal traía siempre un “plus”, vivía en casa de mis papas, así que ahorraba un porcentaje considerable de mi sueldo, tenía un coche y dinero para gastar, lo que dejé de tener fue tiempo. Los últimos meses de mi estancia en aquella empresa los padecí con jornadas laborales de hasta 14 horas que terminaron por hartarme y por preferir un poco de tiempo para mi y el dinero extra pasó a segundo término, aprendí a valorar mi tiempo personal.

Llegó un domingo de febrero, sin pensarlo solo fui y programé mi alarma para levantarme más temprano al siguiente día e ir directo de mi habitación a la oficina de mi jefe y decirle “renuncio”, no lo pensé, simplemente lo hice, seguramente si lo hubiera pensado hubiera pasado lo que había pasado ya en anteriores ocasiones, que simplemente no lo haría. Así fue, las 2 horas de trayecto que me tomaba llegar de mi casa a la oficina de mi jefe simplemente procuré pensar en otras cosas para dejar fuera la mínima posibilidad de arrepentirme. Llegué a Mordor (no se llama así, pero parece), fui directo hacía él, nos metimos a una sala de juntas y lo primero que dije fue “Renuncio”… lo demás simplemente fluyó y algo en mi cambió, me sentí liberada… no tenía un plan B, no tenía ningún plan, solo sabía que ya tenía que terminar con esa vida. Tenía un poco de dinero ahorrado que me duró para tomar unas vacaciones de 8 meses hasta que entré a la maestría.

La maestría fue una gran etapa de mi vida, valoré mucho más a mi universidad y le eché muchísimas ganas, saqué una tesis de la que me enorgullezco y alcancé a publicar dos veces en la IEEE, algo que puede ser insignificante para cualquier investigador, pero para mi fue un gran logro porque de verdad me entregué a mi tesis y a mis publicaciones, ahora puedo decir que si alguien escribe mi nombre en el portal de la IEEE ahí apareceré. Siempre soñé con tener un documento importante escrito por mi donde pudiera dedicarle unas palabras a mi fallecido abuelo y así fue, en mi tesis escribí una poesía que nos enseñó a todos sus nietos, fue mi forma de homenajearlo por todo lo que en vida me dio.

Estuve viviendo en Francia algunos meses gracias a la beca que me dio la UNAM y una segunda beca que me ofrecieron allá, un país que da mucho a sus estudiantes y que me adoptó esos meses de una manera que no esperaba, durante el verano salí a recorrer toda la parte sur del país admirando muchísima belleza natural, ahí me di cuenta de que había mucha belleza en mi país que no conocía y que quizá disfrutaría aún más vivirla tratándose de mi patria. Poco antes de irme a Francia compré mi primera cámara que me costó casi el mes completo de beca, padecí por dinero durante ese mes, pero jamás me pesó, era una canon G12, una camarita a la que le guardo mucho cariño porque con ella di mis primeros pasos en fotografía, cuando he querido venderla, sale la primera oferta e inmediatamente después me arrepiento y mejor me la quedo.

Tomé muchas fotos de lugares hermosos en el sur de Francia y cada que las veo no dejo de sonreír por los recuerdos que me trae, del mar, de las montañas, de los pueblos pintorescos, de la nieve en los alpes, de los ríos que pasaban a unas cuadras de donde vivía. Empecé a valorar mucho lo que una fotografía aportaba a mis recuerdos. Siempre he pensado que lo que le da sentido a nuestra vida son los recuerdos y ver una fotografía es revivirlos, revivir ese momento y lo que ese momento conlleve.

Al volver de Francia comencé a trabajar nuevamente, pero esta vez busqué algo que no me absorbiera tanto como el anterior trabajo, entré a una especie de agencia, había un ambiente relajado, horarios flexibles, pago no tan bueno como el anterior, algo había que sacrificar. Fue en marzo del 2014 que no se porqué decidí entrar a un diplomado de fotografía que duraba 1 mes, 3 horas diarias, me quedaba cerca de la oficina, a unos 10 minutos en bicicleta y así empecé.

El curso era medianamente bueno y cuando menos lo noté yo estaba demasiado interesada en el tema, cada vez más. Por aquellas épocas un compañero del trabajo se casaba y me tocó ver como elegía a sus proveedores, cuando llegó al de fotografía conocí un poco más del tema, empecé a ubicar algunos nombres y luego casualmente habría un mini taller al que asistí. Fue el primerito que tomé y me encantó, lo disfruté mucho, ahí conocí a algunos fotógrafos, luego vinieron más talleres, comencé a invertir en equipo, empecé a leer al respecto, a ubicar más nombres, a conocer más gente.

Entre más me clavo en la fotografía más me gusta, cada vez me identifico más con este gremio y lo que más me gusta es conocer gente que tiene gustos similares. El tiempo vuela para mi cuando cubro un evento, disfruto buscar ángulos distintos, me emociono cada que logro una toma que me gusta, aunque me pasa muy seguido que unos días después vuelvo a ver esa foto y deja de gustarme.

Cuando trabajaba en la multinacional recuerdo mucho un día que un amigo me pregunto “Vero, si tu fueras hija de un millonario ¿qué estarías haciendo?”, era el 2009 quizá, yo respondí “Uy! yo estaría viajando por el mundo sacando fotografías”… y eso cambió el día que conocí a gente que sin ser hijos de un millonario les pagaban por viajar por el mundo sacando fotografías.

(Mi proceso va al 45%…)

Con la fotografía en mi vida yo gané mucha confianza en mi misma, es tal el amor que tengo por la foto que siendo yo tan penosa en variadas situaciones si se trata de hacer una buena toma me quito la pena y digo pues inguesu!.  Me re-descubrí, el demostrarme a mi misma de las cosas que podía hacer por mi pasión me hizo sentirme orgullosa de lo que era capaz. Es por esto ultimo que tomé a la fotografía como una forma de vida, porque me gusta la que soy cuando soy fotógrafa y quiero ser esa no solo como fotógrafa sino en cualquier aspecto de mi vida.

De las cosas seguras que tengo como proyecto de vida es que quiero ser fotógrafa por el resto de mis días.